Se celebrará el domingo 25 de enero de 2026, con el lema: “La palabra de Cristo habite en ustedes” (Col 3,16).
Por el padre Jorge Luis Zarazúa Campa, FMAP
El Domingo de la Palabra de Dios no es solo una fecha en el calendario litúrgico: es una llamada a renovar la relación personal con la Sagrada Escritura. Vivirlo bien significa dejar que la Palabra vuelva a ocupar el lugar que le corresponde en la vida cristiana: el centro.
A continuación, algunas claves prácticas y espirituales para vivirlo de manera personal, profunda y fecunda.
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1. Preparar el corazón antes que el libro
Antes de abrir la Biblia, conviene disponerse interiormente. La Palabra no se domina: se recibe.
• Buscar un momento de silencio.
• Pedir al Espíritu Santo luz y docilidad.
• Reconocer que es Dios quien habla hoy.
Una oración sencilla basta:
“Habla, Señor, que tu siervo escucha” (cf. 1 Sam 3,10).
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2. Escuchar la Palabra como Palabra viva
No se trata de leer “por cumplir”, sino de escuchar. La Palabra no es solo memoria del pasado; es voz actual de Dios para la vida concreta.
Claves:
• Leer despacio.
• Repetir una frase que toque el corazón.
• Evitar la prisa y la distracción.
La pregunta esencial no es: ¿qué dice el texto?, sino:
¿qué me dice hoy el Señor a mí?
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3. Elegir un texto y permanecer en él
Ese día conviene no abarcar demasiado. Es mejor un pasaje bien orado que muchos textos apenas leídos.
Se recomienda:
• El Evangelio del día.
• Un salmo.
• Un texto que haya marcado la vida personal.
Permanecer, rumiar, dejar que la Palabra haga su trabajo interior.
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4. De la lectura a la oración
La Palabra escuchada debe transformarse en oración:
• agradecimiento,
• petición,
• alabanza,
• arrepentimiento.
La Biblia no solo se estudia: se ora.
Cuando la Palabra se vuelve oración, comienza a sanar y orientar.
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5. Confrontar la vida con la Palabra
El Domingo de la Palabra invita a un ejercicio honesto: dejarse cuestionar.
Preguntas útiles:
• ¿Qué ilumina hoy esta Palabra de mi vida?
• ¿Qué me confirma?
• ¿Qué me corrige?
• ¿Qué me invita a cambiar?
La Palabra no siempre consuela; a veces confronta, pero siempre salva.
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6. Asumir un compromiso concreto
La Palabra pide respuesta. Por eso, es importante traducirla en un gesto concreto:
• una reconciliación,
• un acto de caridad,
• un cambio de actitud,
• un tiempo fijo para leer la Biblia cada día.
Sin compromiso, la Palabra se queda en emoción pasajera.
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7. Dar un lugar visible a la Biblia
Ese día puede ser ocasión para:
• colocar la Biblia en un lugar central del hogar,
• entronizarla con respeto,
• bendecirla y besarla,
• agradecer por el don de la Escritura.
El gesto externo ayuda a consolidar una actitud interior.
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8. Pasar del día al hábito
El mayor fruto del Domingo de la Palabra de Dios es que no se quede en un solo domingo.
La meta es clara:
• que la Palabra acompañe la semana,
• que ilumine decisiones,
• que forme criterios,
• que sostenga la fe.
Una Biblia cerrada es un tesoro sin usar; una Biblia abierta es Dios hablando.
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Conclusión
Vivir personalmente el Domingo de la Palabra de Dios es volver a la fuente. Es permitir que Dios nos hable sin intermediarios, con verdad y misericordia.
Quien aprende a escuchar la Palabra,
aprende también a vivir según el corazón de Dios.