El Credo de los Apóstoles

Historia, teología y misión pastoral de la Profesión de Fe más amada por la Iglesia

El Credo de los Apóstoles es mucho más que una fórmula breve de fe: es el latido doctrinal de la Iglesia, una síntesis de la Revelación y un puente que une a los cristianos de todos los tiempos con la fe misma de los Apóstoles. A lo largo de los siglos, esta profesión ha sido baluarte contra herejías, escuela de oración, regla segura de doctrina y fuente de unidad eclesial.

A continuación presentamos un breve escrito que integra historia, teología y dimensión pastoral del Credo Apostólico.

Símbolo de los Apóstoles

Creo en Dios, Padre Todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo, su único Hijo,
Nuestro Señor,
Que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato,
fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir
a juzgar a vivos y muertos.
Creo en el Espíritu Santo,
la santa Iglesia católica,
la comunión de los santos,
el perdón de los pecados,
la resurrección de la carne
y la vida eterna.
Amén.

I. Origen y desarrollo histórico

1.⁠ ⁠No escrito directamente por los Apóstoles, pero nacido de su fe

A pesar de su nombre, el Credo no fue redactado literalmente por los Doce, sino que surge como resumen fiel de la predicación apostólica. Su forma más antigua podría remontarse a:
• la catequesis bautismal de la Iglesia primitiva,
• las profesiones de fe paulinas,
• las fórmulas litúrgicas de los primeros siglos.

San Ireneo, ya en el siglo II, menciona una “regla de fe” que contiene los elementos esenciales presentes hoy en el Credo.

2.⁠ ⁠Raíces en el Bautismo

Desde los primeros siglos, el Credo era proclamado personalmente por los catecúmenos al recibir el Bautismo. La profesión trinitaria —“Creo en Dios Padre…, en Jesucristo su Hijo…, en el Espíritu Santo…”— procede de la orden del Señor:

“Vayan y bauticen… en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (Mt 28,19).

Así, el Credo nació para sellar con claridad la fe de quienes entraban en la Iglesia.

3.⁠ ⁠Forma definitiva en Occidente

Entre los siglos IV y V, especialmente en Roma, se consolidó la forma actual, llamada Symbolum Apostolicum, usada en la liturgia, la catequesis y la vida pastoral. Con el tiempo se convirtió en regla universal de fe para la Iglesia latina.

II. Teología del Credo: núcleo de la fe cristiana

El Credo es símbolo: un texto que “reúne” la fe, la une y la hace visible. Resume:
• el misterio de Dios Uno y Trino,
• la Encarnación redentora,
• la obra del Espíritu,
• la Iglesia y los medios de salvación,
• la esperanza escatológica.

1.⁠ ⁠“Creo”

Declarar “Creo” es un acto personal y eclesial:
• Personal, porque la fe es adhesión libre y confiada a Dios,
• Eclesial, porque se cree junto a la Iglesia: “Creo en lo que la Iglesia cree”.

Creer no es aceptar ideas: es entregarse al Dios vivo.

2.⁠ ⁠“Creo en Dios Padre”

Comienza con la revelación central de la Biblia: Dios es Padre, Creador, cercano y providente.
Llama a vivir en confianza filial, pues somos creados por amor y para amar.

3.⁠ ⁠“Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor”

Aquí late la cristología esencial:
• Jesús es verdadero Dios y verdadero hombre,
• concebido por obra del Espíritu,
• nacido de María,
• crucificado, muerto y sepultado,
• resucitado al tercer día.

En pocas líneas, el Credo confiesa el Corazón del Evangelio: un Dios que se hace carne, sufre y salva.

4.⁠ ⁠Misterio de Pascua

“Descendió a los infiernos, al tercer día resucitó…”:
Cristo llega hasta la última hondura de la existencia humana y la rescata con la luz de la resurrección.

La Pasión, Muerte y Resurrección son el centro absoluto: “murió por nuestros pecados… resucitó para nuestra salvación”.

5.⁠ ⁠“Creo en el Espíritu Santo”

El Espíritu:
• vivifica,
• inspira la Escritura,
• santifica en los sacramentos,
• edifica la Iglesia,
• sostiene la misión.

Es el “Dios con nosotros” después de la Pascua.

6.⁠ ⁠“La Santa Iglesia Católica”

La fe no es aventura individual: Cristo edifica un Pueblo, una comunión visible y espiritual donde habita el Espíritu.

La Iglesia es:
• Una, en la caridad y la fe;
• Santa, por su origen divino;
• Católica, por su universalidad;
• Apostólica, fundada en la sucesión de los Apóstoles.

7.⁠ ⁠Comunión, perdón y esperanza

El Credo culmina mirando el destino final:
• comunión de los santos,
• remisión de los pecados,
• resurrección de la carne,
• vida eterna.

Toda la fe apunta a la meta: la plenitud con Dios, la consumación de la historia y el triunfo definitivo de la gracia.

III. Dimensión pastoral: el Credo como escuela de discipulado

El Credo no es recuerdo arqueológico: es brújula.
Es proclamación, oración y misión.

1.⁠ ⁠Para la catequesis

La Iglesia lo ha usado siempre como columna vertebral de la enseñanza de la fe. Allí están los grandes misterios: Dios, Cristo, Espíritu, Iglesia, conversión, vida eterna.

Educar en el Credo forma discípulos sólidos, conscientes y agradecidos.

2.⁠ ⁠Para la vida espiritual

Rezar el Credo es renovar la consagración bautismal.
Cada afirmación es luz para la oración:
• “Creo en Dios Padre…” → confianza filial
• “Fue crucificado…” → aprender el amor que se entrega
• “Resucitó…” → esperanza contra toda oscuridad

Quien medita el Credo, reza.

3.⁠ ⁠Para la comunión y la misión

Los Padres decían: “La Iglesia ora como cree”.
El Credo expresa la unidad profunda de los cristianos:
cuando se proclama, la Iglesia reconoce la misma fe apostólica.

Por eso es piedra de encuentro con otros bautizados y condición esencial de toda misión.

4.⁠ ⁠Para el discernimiento doctrinal

En tiempos de confusión y discursos ambiguos, el Credo es defensa y luz.
• protege contra falsos evangelios,
• preserva la identidad católica,
• conduce siempre al centro: Jesucristo.

Ninguna teología es auténtica si no armoniza con el Credo.

5.⁠ ⁠Pedagogía de esperanza

Su último artículo —“la vida eterna”— es medicina contra el pesimismo, el miedo y la desesperanza.
El Credo recuerda que la historia tiene sentido, la muerte está vencida y caminamos hacia un cielo nuevo y tierra nueva.

Conclusión

El Credo de los Apóstoles es confesión, herencia y mandato. Resume la fe de los primeros testigos de Cristo y sigue siendo guía segura para el creyente del siglo XXI.

En él resuena la voz de la Iglesia:
• que anuncia a Dios como Padre,
• a Cristo como único Salvador,
• al Espíritu como fuente de santidad,
• a la Iglesia como hogar,
• y a la eternidad como destino.

Proclamarlo con la vida es la tarea más grande y la misión más hermosa de todo bautizado.

“Guarda el depósito de la fe” (cf. 1 Tim 6,20).

Ese depósito está bellamente custodiado en el humilde y poderoso Credo de los Apóstoles.

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