–Mire, señor cura –contestó San Pedro–, cuando usted empezaba la celebración de la misa, todos se ponían a dormir. Al contrario, cuando el taxista arrancaba con su carro, todos se ponían a rezar.
–Mire, señor cura –contestó San Pedro–, cuando usted empezaba la celebración de la misa, todos se ponían a dormir. Al contrario, cuando el taxista arrancaba con su carro, todos se ponían a rezar.
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