El Domingo de la Palabra de Dios, una iniciativa profética del Papa Francisco
Por el padre Jorge Luis Zarazúa Campa, FMAP
En una Iglesia a veces acostumbrada a escuchar sin detenerse, el Domingo de la Palabra de Dios irrumpe como una llamada clara y urgente: volver a poner la Sagrada Escritura en el centro de la vida cristiana. No como adorno litúrgico ni como texto ocasional, sino como voz viva de Dios que guía, corrige, consuela y envía.
Instituido en 2019 por Papa Francisco, este domingo se celebra cada año en el III Domingo del Tiempo Ordinario y responde a una preocupación pastoral concreta: muchos cristianos aman la Biblia, pero no la conocen; la escuchan, pero no la leen; la veneran, pero no la viven.
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Una Iglesia que escucha antes de hablar
Con el motu proprio Aperuit illis, el Papa Francisco quiso recordar algo esencial: la Iglesia no es dueña de la Palabra, es su servidora. Antes de anunciar, debe escuchar; antes de enseñar, debe dejarse enseñar.
El gesto es profundamente bíblico. Como los discípulos de Emaús, la Iglesia necesita que Cristo mismo le abra las Escrituras para comprender su identidad y su misión. Sin la Palabra, la fe se vuelve costumbre; con la Palabra, la fe se vuelve camino.
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No es un domingo más
El Domingo de la Palabra de Dios no es una celebración añadida al calendario. Es una clave de lectura para toda la vida cristiana. Busca despertar en los fieles:
• el amor por la Biblia,
• la familiaridad con el texto sagrado,
• la conciencia de que Dios sigue hablando hoy.
Por eso, este día invita a gestos concretos: entronizar la Biblia, proclamarla con mayor solemnidad, promover la lectio divina, animar la lectura personal y comunitaria. No se trata de un acto simbólico vacío, sino de una pedagogía espiritual.
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Frente a la confusión, Palabra
En un contexto marcado por relativismo, fragmentación y exceso de mensajes, la Palabra de Dios aparece como criterio, luz y fundamento. No es una opinión más; es una Palabra que crea, juzga y salva.
El Papa ha sido insistente: una fe que no se alimenta de la Escritura se debilita; una Iglesia que no escucha la Palabra corre el riesgo de hablar de sí misma y no de Cristo. El Domingo de la Palabra es, en este sentido, un llamado a la conversión pastoral.
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De la proclamación a la vida
La fuerza de esta iniciativa no está solo en la liturgia, sino en lo que provoca después. El verdadero fruto del Domingo de la Palabra de Dios es que:
• la Biblia se abra en las casas,
• ilumine las decisiones,
• forme la conciencia,
• sostenga la esperanza.
La Palabra no fue dada para ser archivada, sino para ser encarnada. Cuando se vive, transforma; cuando se ignora, se pierde una fuente insustituible de vida cristiana.
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Una Iglesia con la Biblia abierta
El Domingo de la Palabra de Dios nos recuerda que Dios no está en silencio. Habla. Hoy. Aquí. A su pueblo.
Pero solo lo escucha quien se detiene, abre el corazón y deja que la Escritura lo confronte y lo envíe.
Quizá esa sea la intención más profunda del Papa Francisco: una Iglesia menos distraída y más oyente; menos reactiva y más enraizada en la Palabra.
Porque cuando la Biblia vuelve al centro,
Cristo vuelve a ser el centro.