¡Estamos de paso! Pequeños actos que preparan la eternidad

Aprovechemos siempre las indulgencias plenarias, que la Iglesia, como Madre solícita, nos ofrece para nuestro bien espiritual.
Procuremos vivir en estado de gracia, cuidando con esmero nuestra relación con Dios y recurriendo con humildad y confianza al sacramento de la Reconciliación.

Dediquemos tiempo a la lectura y meditación de la Sagrada Escritura.
La Biblia no es solo un libro para conocer, sino una Palabra viva para orar, escuchar y dejar que transforme el corazón. Aprendamos a orar con la Biblia, dejándonos interpelar por Dios que habla hoy y guía nuestro camino.

Participemos con fe en la Sagrada Comunión, recibida con reverencia, y alimentemos nuestra vida interior con la oración del Santo Rosario, escuela de contemplación y de perseverancia.
Visitemos con frecuencia al Santísimo Sacramento: allí está Jesús, vivo y real, esperando, escuchando y fortaleciendo el corazón cansado.

Bendigamos nuestros rosarios e imágenes religiosas, y tengamos agua bendita en casa como signo sencillo de fe, protección y recuerdo de nuestro bautismo.
Aprendamos a no juzgar, conscientes de que todos estamos en camino y todos necesitamos misericordia.

Asistamos a la Santa Misa siempre que nos sea posible; en ella se renueva el sacrificio de Cristo y se nos anticipa la vida eterna.
No olvidemos rezar por las almas del purgatorio: ellas dependen de nuestras oraciones para llegar al cielo y, agradecidas, interceden por nosotros.

Use cada uno su escapulario con fe y con el compromiso de una vida coherente con el Evangelio.
Entronicen el Sagrado Corazón de Jesús en su hogar, para que Él reine en la familia con su amor, su verdad y su paz.
Tengan en casa imágenes de la Virgen María y de la Sagrada Familia, como presencia que educa la fe y sostiene la vida cotidiana.

Recen todos los días a su Ángel de la Guarda y pidan con confianza la ayuda y protección de San Miguel Arcángel, defensor en el combate espiritual.
Practiquen la devoción de los Cinco Primeros Sábados de mes, tan insistentemente solicitada por la Virgen,
y procuren también vivir los Nueve Primeros Viernes, como acto de amor, reparación y confianza en el Sagrado Corazón de Jesús.

Empiecen hoy mismo, con la devoción que les sea posible.
Todo lo que puedan hacer por la salvación de su alma, háganlo.

Estamos de paso.
La vida es breve, pero la eternidad es definitiva.
Vale la pena trabajar con empeño por la vida eterna.

Y la pregunta permanece, clara y directa, como llamada a la conciencia y al corazón:
¿Dónde quieres estar después de morir?

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