Por el padre Jorge Luis Zarazúa Campa, FMAP
El capítulo 24 del libro de Josué constituye una de las grandes páginas bíblicas sobre la fuerza performativa de la Palabra de Dios: una Palabra que recuerda, interpela y exige una decisión. Por ello, este texto se presenta como especialmente luminoso para el Domingo de la Palabra de Dios, instituido para ayudar a la Iglesia a redescubrir la centralidad de la Escritura en la vida cristiana.
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1. La Palabra que hace memoria de la salvación
Josué convoca al pueblo en Siquém y comienza proclamando la acción histórica de Dios. La Palabra no inicia con una orden, sino con una memoria agradecida:
“Así dice Yahvé, Dios de Israel: (…) Yo tomé a vuestro padre Abrahán (…) y os saqué de Egipto (…) y os di una tierra por la que no habíais trabajado” (cf. Jos 24,2.6.13, BJ).
En la Biblia de Jerusalén, el énfasis recae en el “Yo” de Dios, sujeto de la historia. La Palabra revela que la fe de Israel no se apoya en ideas abstractas, sino en hechos concretos de salvación.
Este punto es clave para el Domingo de la Palabra de Dios: la Escritura no es un libro moralista, sino el relato vivo de la fidelidad de Dios.
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2. “Elegid hoy”: la Palabra interpela y exige respuesta
Tras proclamar la acción salvadora de Yahvé, Josué conduce al pueblo a una encrucijada decisiva:
“Si no os parece bien servir a Yahvé, elegid hoy a quién habéis de servir” (Jos 24,15a, BJ).
Aquí se revela una verdad teológica fundamental: escuchar la Palabra implica decidir. La Biblia de Jerusalén conserva la dureza del verbo “elegir”, que no deja espacio a neutralidades. La Palabra no admite una escucha pasiva; siempre coloca al oyente ante una opción radical.
El Domingo de la Palabra de Dios recuerda a la comunidad cristiana que no basta escuchar la Escritura: es necesario confrontar la propia vida con ella.
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3. “Yo y mi casa”: la Palabra estructura la vida
La respuesta de Josué es clara y personal:
“Yo y mi casa serviremos a Yahvé” (Jos 24,15b, BJ).
Esta afirmación, sobria y contundente en la Biblia de Jerusalén, muestra que la fe bíblica no es solo individual ni emotiva, sino familiar, comunitaria y concreta. La Palabra escuchada se traduce en un proyecto de vida.
Desde una perspectiva pastoral, este versículo interpela directamente al Domingo de la Palabra de Dios:
• ¿Tiene la Palabra un lugar real en nuestros hogares?
• ¿Orienta nuestras decisiones, valores y prioridades?
• ¿O permanece reducida a un texto proclamado pero no vivido?
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4. La advertencia: la Palabra no admite superficialidad
El relato sorprende cuando Josué advierte al pueblo sobre la seriedad de su compromiso:
“No podréis servir a Yahvé, porque es un Dios santo, un Dios celoso” (Jos 24,19, BJ).
Lejos de apagar el entusiasmo, esta advertencia revela una pedagogía bíblica profunda: la alianza no se funda en el entusiasmo momentáneo, sino en la fidelidad perseverante. La Palabra no solo consuela; también purifica y exige coherencia.
Esto ilumina el sentido auténtico del Domingo de la Palabra de Dios: no se trata de entronizar la Biblia como objeto, sino de dejarnos juzgar y convertir por ella.
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5. Renovación de la alianza: la Palabra sellada en compromiso
El capítulo culmina con un acto solemne:
“Josué hizo alianza aquel día con el pueblo y le dio leyes y normas en Siquém” (Jos 24,25, BJ).
La Palabra proclamada se convierte en alianza renovada, en norma de vida. Así, Josué 24 ofrece una auténtica liturgia de la Palabra: proclamación, respuesta, compromiso y envío.
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6. Conclusión pastoral
A la luz de Josué 24, el Domingo de la Palabra de Dios aparece como algo más que una celebración temática. Es una convocatoria a renovar la alianza, a volver a elegir conscientemente al Señor como centro de la vida personal, familiar y comunitaria.
Hoy, como en Siquém, la Palabra sigue resonando con la misma fuerza:
“Elegid hoy a quién habéis de servir” (Jos 24,15, BJ).
La fe madura no responde solo con palabras, sino con una vida configurada por la Escritura. Celebrar el Domingo de la Palabra de Dios es, en definitiva, atreverse a decir con verdad:
“Yo y mi casa serviremos a Yahvé”.