La Palabra proclamada, comprendida y celebrada por el Pueblo
1. Nehemías 8: un paradigma bíblico
El capítulo 8 del libro de Nehemías presenta una de las escenas más luminosas de la historia bíblica en torno a la centralidad de la Palabra de Dios. El pueblo, reunido “como un solo hombre”, pide que se proclame el Libro de la Ley. No es una iniciativa del poder ni de la élite religiosa: es el pueblo quien tiene hambre de la Palabra.
La escena articula cuatro elementos decisivos:
- Proclamación pública
La Palabra se lee en voz alta, en asamblea, en un espacio concreto y visible. La fe bíblica es comunitaria y audible.
- Escucha reverente
El pueblo se pone de pie, responde “Amén, amén”, se inclina. La Palabra no es información: es presencia de Dios que convoca.
- Explicación y comprensión
Los levitas “leían el libro de la Ley y explicaban su sentido, de modo que el pueblo entendía la lectura” (Neh 8,8). Aquí nace la catequesis: la Palabra necesita mediación para ser comprendida y vivida.
- Alegría transformadora
Tras el llanto inicial, Nehemías proclama:
“No estén tristes, porque el gozo del Señor es su fortaleza” (Neh 8,10).
La Palabra no paraliza; restaura y envía.
Este capítulo muestra que la reforma del pueblo no comienza por estructuras, sino por la escucha renovada de la Palabra.
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2. El Domingo de la Palabra de Dios: continuidad viva
El Domingo de la Palabra de Dios, instituido por Papa Francisco, bebe directamente de esta fuente bíblica. La intención es clara: que la Iglesia viva lo que Nehemías 8 ya mostraba como camino seguro de renovación.
Los acentos son los mismos:
• La Palabra en el centro de la asamblea, no como añadido, sino como fundamento.
• La escucha comunitaria, litúrgica y orante.
• La explicación que conduce a la comprensión, mediante la homilía, la catequesis y la formación bíblica.
• La alegría misionera, porque quien entiende la Palabra, vive; y quien vive, anuncia.
Así como Israel reconstruyó su identidad escuchando la Ley, la Iglesia se reconstruye continuamente al volver a la Palabra.
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3. Claves pastorales para hoy
Desde Nehemías 8, el Domingo de la Palabra de Dios no es solo una conmemoración anual, sino una escuela permanente:
• Proclamar bien: lectores formados, dignidad del ambón, silencio que permita acoger.
• Explicar con fidelidad y cercanía: homilías que ayuden a entender, no solo a oír.
• Educar en la escucha: promover la lectura orante (lectio divina), grupos bíblicos y formación continua.
• Celebrar con gozo: la Palabra conduce a la Eucaristía y a la misión, no al encierro espiritual.
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4. Una Iglesia que vuelve a empezar
Nehemías 8 enseña que cuando la Palabra vuelve al centro, el pueblo vuelve a la vida. El Domingo de la Palabra de Dios es, por tanto, una llamada a comenzar de nuevo:
con la Biblia abierta,
el corazón disponible,
y la alegría del Señor como fortaleza.
“Hoy se cumple esta Escritura que acaban de escuchar” (cf. Lc 4,21).