ANÁLISIS DE LA REALIDAD ECLESIAL: el valor de mirarse en el espejo PARTE III

TUVE UN SUEÑO

ANÁLISIS DE LA REALIDAD ECLESIAL:
el valor de mirarse en el espejo.

P. Flaviano Amatulli Valente, fmap

http://www.padreamatulli.net
Diciembre de 2005.

Después del huracán…
Viene la calma. El mismo obispo (¿quién? ¿dónde? ¿cuándo? No nos olvidemos que se trata de pura imaginación, sueños… ¿Qué son los sueños?) toma la palabra y da por concluida esta etapa del proceso sinodal.
–Hermanos y hermanas en Cristo, ya pasó el huracán. Cada quien tuvo la oportunidad de soltar la lengua y sacar lo que tenía dentro. Ahora viene lo más delicado y sabroso: delante del sagrario y a la luz de la Palabra de Dios, tenemos que reflexionar sobre todo lo que hemos escuchado y ver en concreto qué nos pide Dios en este preciso momento de la historia y en el lugar donde estamos desempeñando nuestro servicio a favor de la porción del pueblo de Dios, que nos ha sido encomendada. Sigan sesionando las comisiones según la necesidad de cada una; sigan teniéndose reuniones periódicas para compartir los avances y despejar las dudas. Siempre unidos, apoyándonos los unos a los otros. Que de una vez se destierre de nuestros ambientes aquella actitud negativa, que tanto daño nos ha causado hasta la fecha y que se puede resumir en aquel refrán popular, por todos conocido: “Que cada quien se rasque con sus uñas”.
Sigue hablando de libertad, colaboración y aprecio entre todos, sin distinción alguna, a nivel de personas, categorías y grupos, “resistiendo a la tentación de querer imponer a los demás el propio método de trabajo o estilo de vida, pensando que se trata de lo mejor”.
–Aquí no se trata de saber qué es lo mejor, sino de tomar conciencia del don, que el Espíritu ha depositado en cada uno de nosotros y ponerlo al servicio de la comunidad. En este momento tan trascendental en la historia de la Iglesia y la humanidad, tenemos que apostar por la libertad, condición esencial para que haya más creatividad, y desde ahí empezar a vislumbrar y dibujar un nuevo rostro de Iglesia. Que a nadie se le ocurra soñar con un tipo de Iglesia a la propia medida, toda volcada en lo social o completamente metida en el asunto de la salvación del alma. En la Iglesia hay muchos carismas; además, el Espíritu Santo sigue suscitando nuevos carismas. Adelante, pues en la libertad del Espíritu, dando cada uno lo mejor de sí.
Como signo concreto de este espíritu de colaboración, que tiene que reinar entre todos, el obispo sugiere que en cada parroquia o capilla se establezca un sistema de rotación en la animación litúrgica de manera que todos tengan la oportunidad de darse a conocer a la comunidad: movimientos apostólicos, comunidades eclesiales de base, grupos de catequistas, etc. La idea a todos parece estupenda y viene saludada con un prolongado aplauso.
Y concluye:
–Hermanos y hermanas en Cristo, si de veras queremos cumplir con nuestro papel dentro de la Iglesia, necesitamos evitar dos actitudes igualmente dañinas: la del instalado, que no quiere cambiar nada por miedo a perder la propia seguridad, y la del aventurero, que busca la novedad por la novedad, sin importarle el resultado concreto de su acción. Haciendo las cosas con sentido de responsabilidad y movidos por un genuino espíritu de servicio, cada uno de nosotros logrará dar su aporte concreto a la causa del Evangelio.
Yo, por lo que a mí se refiere, he decidido lo siguiente: antes de dimitir (me faltan apenas tres años), quiero hacer una verdadera experiencia misionera, tratando de evangelizar personalmente, uno o dos días a la semana, las colonias más abandonadas de la cabecera diocesana. Mediante una serie de visitas domiciliarias, trataré de sensibilizar a la gente acerca de los valores espirituales, introduciéndola en el rico y maravilloso mundo de la Biblia. Cuando vea que las cosas estén maduras, es mi intención concluir este proceso de acercamiento a Dios mediante retiros espirituales, que sirvan como base para dar inicio a pequeñas comunidades cristianas. Ni modo. Lo que no tuve el valor de hacer durante tantos años con el pretexto de la falta de tiempo, lo voy hacer ahora. Como dice el dicho: “Ahora o nunca”. A ver: ¿quién de ustedes quiere acompañarme en esta aventura? Levante la mano.
Todos se miran en la cara como espantados. Se dan cuenta de que las cosas van en serio y no se quieren aventar. Alguien empieza a pasar la voz, sugiriendo el nombre del secretario del obispo, hasta provocar un alboroto general: “Lupe”, “Lupe”, “Lupe” …. El P. Lupe se pone rojo como un tomate, se levanta y balbucea:
– Es que estoy preparando la tesis…
– No le saques – le grita uno se sus compañeros de ordenación -. No vas de dejar solo al señor obispo cuando más te necesita.
– Ni modo – concluye el obispo -. Se ve que les va a tocar acompañarme a los diáconos permanentes y transitorios. Y quede bien claro: de hoy en adelante no voy a ordenar a nadie, sin que haya hecho primero un verdadero tirocinio pastoral, acompañándome en la misión.
Prolongado aplauso de parte de todos, pero de una manera especial de parte de los laicos que pertenecen a los movimientos apostólicos. Entre estos, algunos matrimonios de la tercera edad expresan su deseo de acompañar al obispo en su aventura misionera.
Se lo merece. Antes de dispersarnos, alguien pregunta cuándo se prevé la conclusión del sínodo con el plan de pastoral. La respuesta del obispo es cuánto más inesperada:
–Nunca va a terminar este sínodo. De hoy en adelante, estaremos en sínodo permanente. Y nunca habrá un plan de pastoral definitivo. Mano a mano vayamos experimentando iniciativas concretas, las iremos incluyendo en el plan de pastoral. ¿Hasta cuándo? Hasta que Dios quiera.
Otro aplauso más fuerte y más prolongado. De veras que el obispo no deja de sorprendernos. Y me despierto. No se olviden que se trata de un sueño. De todos modos, una pregunta sigue intrigándome: “¿Es propio necesario que haya un huracán dentro de la Iglesia, para que despertemos y nos demos cuenta de que estamos viviendo en un mundo muy diferente del que nos estamos imaginando y que por lo tanto necesitamos realizar cambios profundos, que vayan más allá de un simple maquillaje?”

Madrid, España, a 14 de octubre de 2005.

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