El costo de evangelizar: cuando lo gratuito también necesita ser sostenido

¿Por qué hablar de dinero cuando hablamos del Evangelio?

En cuanto se menciona la palabra evangelización, muchos piensan inmediatamente en gratuidad absoluta. Y no se equivocan. El Evangelio no se vende, la gracia no se cobra, la salvación no tiene precio. Sin embargo, hay una pregunta incómoda que tarde o temprano aparece:
¿quién sostiene a quienes dedican su vida a anunciar a Cristo?

Jesús fue claro con sus discípulos:

«Gratis lo recibisteis; dadlo gratis» (Mt 10,8).

Pero en el mismo envío misionero añadió una frase que solemos pasar por alto:

«El obrero merece su sustento» (Mt 10,10).

Ahí comienza la tensión sana del Evangelio: gratuidad del don y responsabilidad comunitaria.

El Evangelio es gratuito, la misión no es inmaterial

Jesús y los apóstoles no vivían del aire. Los Evangelios nos muestran que había una bolsa común, que algunas mujeres sostenían la misión con sus bienes y que los enviados podían recibir lo necesario para vivir. Nadie pagaba por un milagro; nadie compraba la Palabra. Pero la misión necesitaba pan, camino y techo.

San Pablo entendió muy bien este equilibrio. Trabajó para no ser carga, pero también aceptó el apoyo de comunidades que podían sostenerlo. Evangelizar no significaba aprovecharse de otros, sino permitir que la comunión se hiciera concreta.

Evangelizar cuesta… y cuesta mucho

Hoy, evangelizar no solo exige celo apostólico, sino también medios concretos: formación, libros, plataformas digitales, producción de contenidos, tiempo completo dedicado al anuncio. Todo eso tiene un costo real.

Paradójicamente, cuando algo se ofrece siempre gratis, muchas veces no se valora. Y cuando no se valora, se descuida, se exige sin compromiso y se olvida que detrás hay personas que también comen, se cansan y necesitan vivir.

Cuando evangelizar es una vocación a tiempo completo

No todos están llamados a evangelizar a tiempo completo, pero quienes lo están no pueden hacerlo solos. La comunidad cristiana tiene la responsabilidad de discernir, acompañar y sostener esas vocaciones.

No se trata de sueldos lujosos ni de estilos de vida incoherentes con el Evangelio. Se trata de garantizar lo necesario para que la misión continúe, crezca y llegue a más corazones.

¿Cuánto es justo?

Evangelizar no es un negocio, pero tampoco es un pasatiempo. El aporte debe ser razonable, transparente y orientado a la misión, siempre abierto a la gratuidad cuando alguien no puede dar.

El Evangelio no se cotiza como una consultoría ni se vende como un producto. Pero tampoco puede sostenerse solo con buenas intenciones.

Una pregunta que interpela

Tal vez la pregunta no sea solo cuánto cuesta evangelizar, sino:
¿cuánto estamos dispuestos a implicarnos en la misión de la Iglesia?

Porque evangelizar no es tarea de unos pocos “influencers católicos” o de sacerdotes y religiosos. Es una misión compartida, donde dar, sostener y apoyar también es anunciar a Cristo.

«Den y se les dará» (Lc 6,38).

A veces, el primer acto de evangelización comienza sosteniendo a quien anuncia.

Artículo relacionado

Este sitio usa cookies.