La Biblia no habla siempre de la misma manera

Los géneros literarios: una clave indispensable para comprender la Palabra de Dios

Por el padre Jorge Luis Zarazúa Campa, fmap

Imagine que alguien recibe una carta de amor y decide leerla como si fuera un contrato mercantil. O que toma una poesía y exige que cada una de sus imágenes sea una descripción científica. El resultado sería absurdo.

Algo parecido sucede cuando se lee toda la Biblia como si cada página hubiera sido escrita del mismo modo.

La Biblia es Palabra de Dios, pero está expresada mediante palabras verdaderamente humanas. Sus autores utilizaron las lenguas, imágenes, recursos y formas literarias disponibles en su tiempo. Por eso encontramos narraciones, leyes, poemas, proverbios, parábolas, cartas, discursos, himnos, genealogías, profecías y visiones.

Comprender esta diversidad no debilita nuestra fe. Al contrario, nos permite escuchar con mayor fidelidad lo que Dios quiso comunicarnos.

Una biblioteca, no un libro uniforme

La palabra «Biblia» procede del griego biblía, que significa «libros». En efecto, la Biblia católica es una biblioteca de 73 libros, escritos en épocas y circunstancias muy distintas.

No se lee del mismo modo el relato de la creación, un salmo, una ley del Levítico, una parábola de Jesús, una carta de san Pablo o una visión del Apocalipsis.

Cada texto pide una forma adecuada de lectura.

El Concilio Vaticano II lo explicó con claridad:

«La verdad se propone y se expresa de maneras diversas en los textos de diverso género: histórico, profético, poético o en otros géneros literarios».

Por eso, para descubrir la intención de los autores sagrados, debemos conocer las formas de hablar, narrar y escribir propias de su tiempo y cultura (Dei Verbum⁠, 12⁠).

¿Qué es un género literario?

Un género literario es una manera reconocible de comunicar algo.

Una noticia informa; una canción expresa sentimientos; una ley establece obligaciones; una parábola provoca una reflexión; una carta responde a circunstancias concretas.

Todos estos géneros pueden comunicar verdades, pero lo hacen de maneras diferentes.

Cuando el salmista dice:

«El Señor es mi pastor» (Sal 23,1),

no afirma que Dios sea corporalmente un pastor dedicado a cuidar ovejas. Utiliza una metáfora para confesar que Dios guía, alimenta y protege a su pueblo.

Cuando Jesús dice:

«Si tu ojo te hace caer, sácatelo» (Mc 9,47),

no está ordenando una mutilación. Emplea una expresión deliberadamente radical para advertirnos que debemos apartarnos con decisión de aquello que nos conduce al pecado.

Cuando el Apocalipsis habla de bestias, cuernos, dragones y números misteriosos, no ofrece una descripción periodística del futuro. Emplea símbolos para fortalecer la esperanza de comunidades perseguidas.

Reconocer el género nos ayuda a pasar de las palabras a la verdad que comunican.

Los grandes géneros de la Biblia

No existe una lista única y definitiva, porque muchos libros combinan diferentes formas. Sin embargo, podemos reconocer algunos grandes grupos.

Narraciones

Gran parte de la Biblia cuenta historias: la vocación de Abraham, el éxodo, los jueces, los reyes, los profetas, la vida de Jesús y la expansión de la Iglesia.

Estas narraciones no se limitan a informar qué sucedió. Interpretan los acontecimientos desde la fe y muestran cómo actúa Dios en la historia.

Pero debemos recordar algo importante: narración no significa necesariamente ficción, del mismo modo que historia no significa crónica periodística moderna.

Los autores bíblicos seleccionaron, organizaron y narraron los acontecimientos según las prácticas literarias de su tiempo. Su intención era descubrir en ellos el pecado humano, la fidelidad de Dios y el avance de su plan de salvación.

Leyes

En el Pentateuco encontramos mandamientos, disposiciones sociales, normas rituales y prescripciones sacerdotales.

Estas leyes deben leerse dentro de la alianza. Dios primero libera a Israel de la esclavitud y después le enseña cómo vivir como pueblo libre.

No todas las normas poseen la misma finalidad ni se aplican de idéntica manera a los cristianos. Es necesario considerar su contexto, el progreso de la revelación y su cumplimiento en Cristo.

La ley bíblica no es un conjunto desordenado de prohibiciones: forma parte de la pedagogía mediante la cual Dios condujo a su pueblo.

Poesía

Los Salmos, el Cantar de los Cantares, Lamentaciones y muchos textos proféticos emplean imágenes, paralelismos, repeticiones, símbolos e hipérboles.

Cuando un salmo afirma que los árboles «aplauden» o que Dios protege al creyente bajo sus «alas», utiliza lenguaje poético.

Sería equivocado preguntar cuántas plumas tienen las alas de Dios. La poesía no pretende describir físicamente a Dios, sino expresar la experiencia de su cercanía y protección.

La poesía bíblica no es menos verdadera por servirse de imágenes. Algunas realidades profundas solo pueden expresarse adecuadamente mediante símbolos.

Sabiduría

Proverbios, Job, Eclesiastés, Sirácida y Sabiduría reflexionan sobre las grandes preguntas de la existencia:

  • ¿Cómo debemos vivir?
  • ¿Por qué sufre el inocente?
  • ¿Vale la pena obrar bien?
  • ¿Qué sentido tienen el trabajo, el placer y la muerte?
  • ¿Dónde puede encontrarse la verdadera sabiduría?

Los proverbios presentan observaciones generales sobre la vida, pero no son promesas automáticas.

Por ejemplo:

«Educa al muchacho en el buen camino, y aun cuando sea viejo no se apartará de él» (Prov 22,6).

Esta es una sabia orientación pedagógica, no una garantía de que todos los hijos educados cristianamente permanecerán siempre fieles. Cada persona conserva su libertad.

Job, precisamente, protesta contra la explicación simplista según la cual toda persona que sufre necesariamente ha cometido algún pecado.

Profecía

El profeta bíblico no es principalmente un adivino que revela fechas y acontecimientos secretos. Es alguien llamado por Dios para iluminar el presente, denunciar la injusticia, llamar a la conversión y sostener la esperanza.

Los profetas emplean:

  • oráculos;
  • denuncias;
  • promesas;
  • visiones;
  • poemas;
  • acciones simbólicas;
  • relatos de vocación.

Sus palabras pueden poseer un primer cumplimiento histórico y alcanzar después una plenitud más profunda dentro del plan de Dios. Para los cristianos, las Escrituras encuentran su cumplimiento definitivo en Jesucristo.

Parábolas

Jesús recurrió frecuentemente a relatos breves tomados de la vida cotidiana: sembradores, pescadores, comerciantes, padres de familia, trabajadores, banquetes y ovejas perdidas.

Una parábola no es simplemente una historia con moraleja. Es una palabra que sorprende, cuestiona nuestras seguridades y nos obliga a tomar posición ante el Reino de Dios.

No es necesario dar un significado secreto a cada detalle. Conviene descubrir la sorpresa central del relato.

En la parábola del buen samaritano, por ejemplo, la pregunta no es solamente: «¿Quién es mi prójimo?». Jesús la transforma en otra más exigente: «¿Estoy dispuesto a hacerme prójimo de quien necesita misericordia?».

Evangelios

Los Evangelios guardan semejanzas con las biografías antiguas, pero poseen características propias. Nacieron de:

  • la vida y enseñanza de Jesús;
  • la memoria de los testigos;
  • la predicación apostólica;
  • la fe pascual;
  • las necesidades de las primeras comunidades.

No son biografías modernas que relaten todos los años de la vida de Jesús. Tampoco son leyendas desligadas de la historia.

Los evangelistas seleccionaron y ordenaron fielmente las tradiciones para anunciar quién es Jesús y cuál es el significado salvador de su muerte y resurrección.

Dentro de los Evangelios encontramos numerosos géneros menores: parábolas, controversias, discursos, relatos de milagros, genealogías, himnos y narraciones de la Pasión.

Cartas

Las cartas apostólicas surgieron para responder a problemas reales de comunidades concretas: divisiones, abusos litúrgicos, dudas doctrinales, persecuciones y dificultades morales.

Cuando leemos una carta de san Pablo, escuchamos solo una parte de una conversación. Debemos reconstruir, hasta donde sea posible, la situación que provocó su respuesta.

Sin embargo, al ser reconocidas como parte de la Sagrada Escritura, estas cartas ya no pertenecen únicamente a Corinto, Roma o Galacia. El Espíritu Santo habla por medio de ellas a la Iglesia de todos los tiempos.

Apocalíptica

La literatura apocalíptica aparece especialmente en Daniel y en el Apocalipsis de san Juan. Utiliza:

  • visiones;
  • ángeles;
  • números simbólicos;
  • fenómenos cósmicos;
  • animales extraordinarios;
  • combates entre el bien y el mal.

Su finalidad no es ofrecer un calendario cifrado del fin del mundo. Busca fortalecer a los creyentes que sufren persecución y recordarles que, a pesar de las apariencias, Dios continúa gobernando la historia.

El Apocalipsis no fue escrito para alimentar el miedo, sino la esperanza.

¿Género literario significa ficción?

No necesariamente.

Este es uno de los errores más frecuentes. Algunas personas piensan que, si un pasaje utiliza recursos literarios, entonces debe ser falso. Otras suponen que, para defender la inspiración bíblica, hay que interpretar literalmente cada detalle.

Ambas posturas son equivocadas.

Una metáfora puede comunicar una verdad. Una parábola puede revelar el misterio de Dios. Un poema puede expresar fielmente una experiencia. Una narración histórica puede estar construida artísticamente sin dejar de referirse a acontecimientos reales.

La pregunta correcta no es: «¿Debemos interpretar esto literalmente o simbólicamente?», como si solo existieran esas dos posibilidades.

Debemos preguntar:

  • ¿Qué clase de texto es?
  • ¿Qué quiso afirmar el autor?
  • ¿Qué recursos utilizó?
  • ¿Qué relación establece con la historia?
  • ¿Qué verdad salvadora comunica?

El caso de Génesis 1–11

Los primeros capítulos del Génesis no fueron escritos como manuales de astronomía, geología o biología.

Utilizan un lenguaje solemne, simbólico y teológico para hablar de los orígenes. Esto no significa que carezcan de verdad. Afirman realidades fundamentales:

  • Dios creó todo cuanto existe;
  • la creación es buena;
  • el ser humano posee una dignidad singular;
  • el hombre y la mujer proceden de la voluntad creadora de Dios;
  • el pecado no forma parte del proyecto original;
  • el mal rompe la relación con Dios, con los demás y con la creación;
  • Dios no abandona a la humanidad pecadora.

Leer estos capítulos como si fueran una explicación científica moderna conduce a falsos conflictos entre la Biblia y la ciencia. Pero reducirlos a cuentos sin contenido histórico y teológico también traicionaría su mensaje.

Los peligros de ignorar los géneros literarios

Cuando no reconocemos el género de un pasaje podemos caer en errores graves:

  • interpretar poéticamente un texto que reclama referencia histórica;
  • convertir una imagen en una descripción física;
  • considerar cada proverbio como una promesa infalible;
  • imitar conductas que la Biblia relata, pero no aprueba;
  • leer el Apocalipsis como un código secreto sobre políticos actuales;
  • aplicar directamente a los cristianos todas las leyes rituales de Israel;
  • aislar una frase de su contexto;
  • justificar nuestras opiniones mediante versículos sueltos.

También existe el peligro contrario: llamar «simbólico» a todo aquello que nos resulta incómodo, para no aceptar sus exigencias.

El género literario no es una llave mágica para hacer decir a la Biblia lo que deseamos. Es una disciplina que nos ayuda a escuchar lo que realmente dice.

¿Cómo interpreta la Iglesia?

La Iglesia pide tomar en serio simultáneamente la dimensión humana y la dimensión divina de la Escritura.

Para comprender la intención de los autores debemos estudiar:

  • las lenguas originales;
  • la historia;
  • la cultura;
  • el contexto;
  • la estructura;
  • los géneros literarios.

Pero, puesto que la Biblia fue inspirada por el Espíritu Santo, también debe leerse:

  • atendiendo a la unidad de toda la Escritura;
  • dentro de la Tradición viva de la Iglesia;
  • según la analogía de la fe;
  • a la luz de Jesucristo.

El Catecismo recoge estos criterios en los números 109-114 (Catecismo de la Iglesia Católica⁠).

Benedicto XVI recordó que el estudio histórico y literario no debe separarse de la fe de la Iglesia. Si prescindimos de la historia, caemos en una espiritualización arbitraria; si prescindimos de la fe, la Biblia puede convertirse en una simple colección de documentos antiguos (Verbum Domini⁠, 29-39⁠).

Una pregunta que debemos hacer siempre

Antes de aplicar un pasaje a nuestra vida, conviene detenernos y preguntar:

¿Qué quiso comunicar el autor mediante este género literario?

Después podremos preguntarnos:

¿Qué me dice Dios hoy por medio de este texto?

No debemos invertir el orden. Si comenzamos preguntando únicamente «¿qué significa para mí?», podemos terminar atribuyendo a Dios nuestras ideas, prejuicios y deseos.

La aplicación espiritual debe nacer de una interpretación responsable.

La Palabra divina se hizo palabra humana

Dios no dictó la Biblia anulando la inteligencia, la cultura o la creatividad de sus autores. Ellos fueron verdaderos autores y Dios actuó en ellos para que escribieran la verdad que quiso consignar para nuestra salvación.

La diversidad de géneros no es un defecto que debamos superar. Forma parte del modo elegido por Dios para hablarnos.

Dios nos enseña mediante una ley, escucha nuestro dolor en una lamentación, despierta nuestra conciencia con una profecía, nos desconcierta mediante una parábola, dialoga con las comunidades a través de una carta y sostiene nuestra esperanza con una visión apocalíptica.

La Biblia no habla siempre de la misma manera, pero en todas sus páginas resuena una misma historia de amor: la historia del Dios que busca al ser humano y lo llama a la comunión con él.

Aprender a reconocer los géneros literarios no enfría la lectura creyente. La hace más profunda, más responsable y más fecunda. Nos ayuda a evitar interpretaciones caprichosas y nos permite recibir la Escritura como lo que verdaderamente es: Palabra de Dios expresada en palabras humanas.

#SeptiembreMesDeLaBiblia

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