La Presencia Real de Cristo en la Eucaristía y la Transustanciación en la Teología Católica Oriental

Un misterio común, expresado con lenguaje de luz, Espíritu y transformación

La Iglesia Católica, sea latina u oriental, profesa una misma fe sobre la Eucaristía: Cristo está real, verdadera y sustancialmente presente con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad en el Santo Sacramento.

Esta enseñanza no es negociable ni secundaria:
nace del Evangelio, vive en los Padres, arde en la Liturgia y está definida dogmáticamente por el Magisterio.

Pero mientras Occidente usa con precisión filosófica el término transustanciación, las Iglesias Católicas Orientales lo expresan con categorías distintas, tomadas de la Escritura, de la tradición bizantina y de la teología patrística.

La fe es la misma.
El lenguaje, diverso.

I. Unidad de fe: Cristo está realmente presente

Las Iglesias Católicas Orientales, en comunión con Roma, aceptan plenamente la definición del Concilio de Trento:

La sustancia del pan y del vino es transformada en la sustancia del Cuerpo y la Sangre de Cristo.

Tanto en Oriente como en Occidente se confiesa:
• Presencia real (όχι simbólica)
• Presencia verdadera
• Presencia sustancial
• Presencia permanente

Cristo no está “de manera espiritual” en un sentido meramente figurado.
Está realmente presente bajo las especies sacramentales.

II. ¿Dónde aparece esta fe en la liturgia oriental?

La expresión más fuerte se encuentra en la Anáfora (Plegaria Eucarística), especialmente después de la Epíclesis, cuando el sacerdote suplica la acción del Espíritu Santo sobre los dones:

“Envía tu Espíritu Santo sobre nosotros y sobre estos dones,
y haz de este pan el Cuerpo precioso de tu Cristo,
y de lo que está en este cáliz la Sangre preciosa de tu Cristo.”

La liturgia bizantina usa una fórmula casi idéntica en todas sus anáforas:

“Cámbialos (μετάβαλον) por tu Santo Espíritu.”

Aquí aparece un concepto clave para Oriente:

μεταβολή (metabolé)

que significa transformación, cambio real.

Esta palabra evita toda idea de simbolismo vacío.
No es un “recordatorio”, sino una conversión verdadera.

III. Terminología oriental equivalente a “transustanciación”

Occidente, desde Trento, usa el término filosófico transustanciación para describir el cambio de sustancia.

Las Iglesias Católicas Orientales, sin rechazar ese concepto, utilizan su propio léxico teológico:

μετουσίωσις (metousíosis)

= cambio de esencia
(sinónimo ortodoxo-cultural del término latino)

μεταβολή (metabolé)

= transformación real de los dones

ἱερά μεταρσίωσις (hierá metarsíosis)

= “elevación/transformación sagrada”

Todas estas palabras en lengua griega expresan lo mismo que Occidente protege con el término “transustanciación”:

lo que antes era pan y vino deja de serlo,
porque se ha convertido en el Cuerpo y la Sangre del Señor.

IV. Perspective oriental: Misterio más que explicación

Aunque los orientales aceptan plenamente el dogma, suelen insistir en un punto espiritual:

La transformación eucarística es obra del Espíritu Santo, no un mecanismo filosófico.

Por eso subrayan:
• la Epíclesis (invocación del Espíritu),
• la consagración como misterio,
• y la presencia del Cristo glorioso que se nos da como alimento.

Para Oriente, es la luz increada de Cristo la que hace del altar un nuevo Tabor.

V. Testimonio de los Padres orientales

San Juan Crisóstomo

“No es el hombre quien hace que las cosas ofrecidas se conviertan en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, sino Cristo mismo, que fue crucificado por nosotros. El sacerdote, en figura, representa a Cristo, pero el poder y la gracia son de Dios.”
(Hom. sobre la traición de Judas)

San Cirilo de Jerusalén

“No mires al pan y al vino como simples cosas. Son el Cuerpo y la Sangre de Cristo.”
(Catequesis Mistagógica)

San Gregorio de Nisa

Explica que en la Eucaristía ocurre una transmutación ontológica, no solo simbólica.

Estos Padres —pilares de la teología oriental— no hablan de “signos”, sino de realidad.

VI. Epíclesis y transustanciación: dos enfoques complementarios

• Occidente subraya las palabras de Cristo en la Última Cena como momento de la consagración.
• Oriente acentúa la invocación del Espíritu que completa la obra de Cristo y realiza la transformación.

Ambas visiones son plenamente ortodoxas, católicas y compatibles.
Ambas confiesan el cambio sustancial.

Se trata de teologías que se enriquecen mutuamente:
• la Palabra eficaz del Verbo
• y la acción transformadora del Espíritu

unidas en un único misterio.

VII. El Magisterio y la legítima diversidad

La Iglesia reconoce expresamente la validez de la terminología oriental.

Benedicto XVI, en Sacramentum Caritatis, afirmó que los términos como metousíosis o metabolé son plenamente aceptables siempre que expresen la transformación sustancial de los dones.

El Catecismo Oriental Católico también enseña lo mismo:

“Creemos que el pan y el vino, por el poder del Espíritu Santo, se convierten verdaderamente en el Cuerpo y la Sangre de Cristo.”

VIII. Efectos eucarísticos según Oriente

La presencia real de Cristo no es concepto abstracto, sino transformación existencial:
• θέωσις (theosis): la comunión eucarística nos lleva a la deificación.
• ἴασις (iasis): curación del alma.
• κοινωνία (koinonía): unión profunda con Dios y con la Iglesia.
• Ἔλεος (éleos): misericordia derramada.

La Eucaristía no solo contiene a Cristo: nos convierte en Cristo.

Como proclama la liturgia:

“Nos convertimos en un solo cuerpo y un solo espíritu.”

IX. Conclusión: la misma fe, con acento de cielo oriental

En la teología católica oriental:
• la presencia real se confiesa con solemnidad,
• la transformación de los dones es real y objetiva,
• el lenguaje propio (metousíosis, metabolé) expresa la misma verdad que “transustanciación”,
• y toda la Eucaristía se vive como encuentro con el Cristo glorificado.

Allí, ante el altar, el pan y el vino se vuelven Cuerpo y Sangre,
y el hombre entra en la θέωσις,
alimentado por el Dios vivo que se entrega en alimento.

Oriente y Occidente se encuentran en la misma fe eucarística:

Cristo está presente.
Verdadera y sustancialmente.
Se da, nos transforma, mora en nosotros.

La transustanciación —con palabras latinas o griegas— no es idea abstracta.
Es misterio que arde en el altar,
milagro cotidiano,
y anticipo de la gloria eterna.

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