Un camino posible para escuchar a Dios cada día
Por el padre Jorge Luis Zarazúa Campa, FMAP
Leer la Biblia en un año puede parecer, al inicio, un propósito ambicioso, incluso inalcanzable. Sin embargo, lejos de ser una meta reservada a especialistas o a personas con mucho tiempo libre, es un camino realista, formativo y profundamente transformador para cualquier creyente que desee crecer en la fe.
No se trata solo de “terminar” la Biblia, sino de dejarse recorrer por ella.
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1. No es correr: es caminar con sentido
La lectura bíblica en un año no busca la prisa ni la acumulación de capítulos. Su clave está en la constancia. Bastan entre 15 y 20 minutos diarios para recorrer toda la Sagrada Escritura de forma ordenada, orgánica y provechosa.
La Biblia no es un libro común: es una historia de salvación, un diálogo entre Dios y su pueblo. Leerla poco a poco permite descubrir su hilo conductor, entender mejor a Cristo y situar cada texto en su contexto.
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2. Un antídoto contra la fe fragmentada
Muchos cristianos conocen frases sueltas, salmos aislados o evangelios dominicales, pero no la visión completa de la Palabra de Dios. Leer la Biblia en un año ayuda a:
• superar interpretaciones parciales o fundamentalistas,
• evitar lecturas sacadas de contexto,
• integrar Antiguo y Nuevo Testamento como una sola historia.
Así, la fe deja de ser fragmentaria y se vuelve sólida, madura y bien fundada.
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3. Dios habla en la fidelidad cotidiana
La mayor riqueza de este itinerario no está solo en lo que se aprende, sino en el hábito espiritual que se forma. Abrir la Biblia cada día educa el corazón para escuchar, discernir y orar.
Hay días en los que el texto ilumina con fuerza. Otros, parece árido. Ambos son parte del proceso. Dios también habla en la perseverancia silenciosa.
Leer la Biblia en un año enseña algo esencial:
Dios se revela paso a paso, no de golpe.
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4. ¿Cómo hacerlo sin abandonar en el intento?
Algunas claves prácticas:
• Tener un plan: no improvisar. Un plan de lectura ordenado evita confusión y desánimo.
• Leer con oración: comenzar con una breve invocación al Espíritu Santo.
• No buscar entender todo: algunas páginas se comprenden después, no al momento.
• Unir lectura y vida: preguntarse: ¿qué me dice hoy este texto?
• Si un día se falla, continuar: no abandonar por perfeccionismo.
La Biblia no exige perfección, sino disponibilidad.
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5. Un año que puede cambiar la vida
Quien persevera descubre que, al terminar el año, no solo ha leído la Biblia:
• piensa distinto,
• ora mejor,
• discierne con mayor claridad,
• y vive su fe con más profundidad.
Porque la Palabra de Dios no informa solamente: transforma.
Leer la Biblia en un año no es una meta espiritual más. Es una escuela diaria donde Dios forma el corazón, ilumina la mente y fortalece la fe.
Tal vez hoy sea un buen día para empezar.