Dios está presente y actúa en cada hombre y en cada cultura. Sin embargo, en Cristo y su Evangelio su acción llega a la plenitud. Por lo tanto, más que fijarnos en los excesos del pasado, tenemos que ver qué podemos hacer hoy parar hacer realidad la Misión, en el pleno respeto por la dignidad del hombre y la aceptación del plan salvífico de Dios.
Revdo. P. Amatulli:
Hace unos días fui a una conferencia, que impartió un sacerdote experto en el indigenismo. Francamente no entendí casi nada.
Habló de las semillas del Verbo presentes en las culturas indígenas y me pareció entender que según él, hubiera sido mejor dejar a los indígenas así como estaban, con su cultura y su religión, en lugar de llevarles la fe cristiana, que al fin de cuentas fue una imposición, y representó para ellos un gran atraso.
Por lo que entendí, es bueno que cada quien se quede con su religión y sus costumbres, puesto que todas las religiones son igualmente buenas, A lo sumo habría que dialogar con los que tienen otras creencias, sin pretender que Cristo sea el único Salvador del mundo.
Sinceramente quedé muy confundida.
Olga Jiménez
Oaxaca, Oax.
No sirve llorar
¡Ay de nosotros, si lo mismo hubieran pensado los Apóstoles! La fe en Cristo hubiera desaparecido pronto de la faz de la tierra, una vez muertos ellos con los primeros discípulos de Cristo. Pero no fue así. Ellos obedecieron a Cristo y fueron por todo el mundo, predicando el Evangelio.
Claro, anunciar el Evangelio es una cosa e imponerlo es otra. Siempre puede haber el peligro de servirse de la religión para lograr otros fines, de orden económico o político. ¿Acaso la expansión de las sectas no obedece también a intereses de orden económico y político? De todos modos, el fenómeno religioso, como cualquier fenómeno cultural no es algo estático, sino dinámico, sujeto a todas las leyes del humano convivir, donde hay de todo: diálogo, presiones e imposiciones. ¿No está pasando lo mismo ahora con la cultura norteamericana, que usando y abusando de los medios de comunicación masiva, está invadiendo el mundo entero?
¿Qué podemos hacer?
¿Aislarnos?
Según mi opinión, ciertos planteamientos que se están haciendo ahora con relación a las culturas indígenas, hubiera sido oportuno haberlas hecho al principio de la evangelización, no ahora cuando el influjo del cristianismo es ya demasiado grande y quedan pocos islotes con la cultura original. ¿Qué hacer ahora? ¿Llorar por lo que pasó?
No sirve para nada. Además, no hay que fijarse solamente en ciertos aspectos negativos, que acompañaron el anuncio del Evangelio a los pueblos indígenas del continente americano. Hay que ver también los grandes beneficios que trajo la evangelización bajo el aspecto moral, como consecuencia del conocimiento del Evangelio.
Las semillas y el árbol
En ciertos ambientes se insiste demasiado sobre la presencia de las semillas del Verbo en todas las culturas y con eso se quiere vanificar el imperativo de Cristo de predicar el Evangelio a todas las naciones. Evidentemente, se trata de una manera sectaria de enfrentar el problema de la presencia y acción de Dios en las culturas. Se toma un detalle y con eso se trata de resolver todo el problema
Claro que Dios a cada hombre y a cada cultura ofrece algo de sabiduría para conocer la verdad y de fuerza para vivir en conformidad con la misma (Hech 14,1617; 17,27). Sin embargo, hay que reconocer que existe una enorme diferencia entre la semilla y el árbol con sus frutos. Cada uno puede dar testimonio del cambio que se operó en sí mismo al aceptar a Cristo como el Salvador de su vida y único Señor. ¿Acaso antes no tenía nada de Dios? Claro que tenía algo. Pero ahora tiene la vida de Dios en abundancia (Jn 10,10).
Hay una gran diferencia entre la semilla y el árbol con sus frutos, el embrión y el ser ya desarrollado, los comienzos y la plenitud. Pues bien en Cristo y su Iglesia se alcanza la plenitud. ¿Por qué negar al indígena, al musulmán, al budista… la posibilidad de llegara la plenitud? Sin presiones, ni imposiciones, evidentemente, pero algo hay que hacer para que todos los hombres «lleguen al conocimiento de la Verdad» (1Tim 2,4) en Cristo y su Iglesia.
El sol, la luna y las estrellas
No es lo mismo caminar de noche, a la luz de la luna o las estrellas, o a pleno sol. Pues bien, contar solamente con las semillas del Verbo es como andar de noche, iluminado por la luz de las estrellas, un camino difícil, expuesto a muchos peligros por falta de claridad. Caminar a la luz de la luna es algo más seguro. Es el camino de Israel, a la luz del Antiguo Testamento. Y por fin viene Cristo, el sol que ilumina plenamente con la luz del Evangelio.
Ahora bien, querer rebajar la excelencia y eficacia del Evangelio por la manera como llegó y fue anunciado en tierras americanas, es un grave error. Más que fijarnos en ciertos excesos, es oportuno ver cómo hoy nosotros podemos corregir ciertos errores y actuar con más pureza de intenciones, totalmente respetuosos por la dignidad del hombre y en pleno apego a la voluntad de Dios. Por otro lado querer invalidar la Misión o renunciar a ella por ciertos abusos del pasado, es una manera infantil de reaccionar frente a los hechos históricos y situarse frente a Cristo y su mandato de ir a «predicar el Evangelio a toda criatura» (Mc 16,15).