Ensayo teológico-pastoral sobre el canon y los libros deuterocanónicos
Una de las preguntas más frecuentes en el diálogo con hermanos separados es esta:
“¿La Biblia católica tiene más libros… o las protestantes tienen menos?”
La respuesta, desde la historia y la fe de la Iglesia, es clara y luminosa:
las Biblias protestantes tienen menos libros, porque excluyeron textos que formaron parte del Antiguo Testamento utilizado por Jesús, los Apóstoles y la Iglesia primitiva.
La Iglesia católica no “añadió” libros.
Conservó el canon recibido.
En este ensayo ofrecemos una respuesta pastoral, fiel a la historia, enraizada en la Escritura y sostenida por el Magisterio.
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1. Una diferencia que nace en el Antiguo Testamento
El contraste no está en el Nuevo Testamento, sino en el Antiguo.
La Iglesia católica conserva seis libros completos y fragmentos que las Biblias protestantes no incluyen:
• Tobías
• Judit
• Sabiduría
• Eclesiástico (Sirácida)
• Baruc
• 1 y 2 Macabeos
Y extensiones de Daniel y Ester.
La Iglesia los llama deuterocanónicos:
textos plenamente inspirados, recibidos litúrgicamente desde los primeros siglos.
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2. La Biblia de Jesús y de los Apóstoles: la Septuaginta
Los primeros cristianos no usaron un canon hebreo tardío, sino la Septuaginta, traducción al griego del Antiguo Testamento realizada entre los siglos III y I a.C.
Esta Biblia incluía los libros deuterocanónicos.
Las evidencias son contundentes:
• Cristo y los Apóstoles citan con frecuencia la Septuaginta.
• Muchas fórmulas del Nuevo Testamento coinciden con su redacción griega.
• Los Padres apostólicos y los primeros concilios la consideraron “la Biblia” de la Iglesia.
Por tanto, el canon veterotestamentario de los primeros cristianos incluía estos libros.
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3. Ecos bíblicos que confirman su uso apostólico
Los deuterocanónicos asoman con toda naturalidad en el pensamiento del Nuevo Testamento.
Ejemplos:
Profecía del Justo sufriente
Sabiduría 2,12-20 anuncia con exactitud la persecución del Mesías:
“Acechemos al justo, pues se gloria de tener por Padre a Dios.”
(Sb 2,16)
Este texto fue leído por los cristianos como anuncio directo de la Pasión.
Oración por los difuntos
2 Macabeos 12,43-45 narra el sacrificio expiatorio por los muertos:
“Mandó ofrecer sacrificio por los muertos, para que fueran liberados de sus pecados.”
(2 Mac 12,45)
Esta práctica aparece asumida en la liturgia cristiana primitiva.
La fe en la resurrección
Sabiduría 3,1 proclama:
“Las almas de los justos están en manos de Dios.”
Hebreos 11,35 alude claramente a los mártires de 2 Macabeos 7.
Incluso la doctrina de la creación de la nada (2 Mac 7,28) dejó huella en la teología cristiana.
Es decir: estos libros alimentaron la espiritualidad y la catequesis apostólica.
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4. ¿Qué ocurrió en el siglo XVI?
La Reforma recortó el canon
Martín Lutero y otros reformadores rechazaron los deuterocanónicos.
¿Por qué?
- Prefirieron un canon hebreo-rabínico tardío, fijado siglos después de Cristo, que no incluía estos libros.
- Varias doctrinas presentes en ellos contradecían tesis protestantes: • oración por los difuntos (2 Mac 12,45)
• mérito de las buenas obras (Sir 3,30; Tob 12,8-9)
• intercesión de los santos (2 Mac 15,14)
• necesidad de purificación espiritual después de la muerte (Sab 3,1-6)
Este gesto dejó a las ediciones protestantes con 66 libros, en contraste con los 73 del canon clásico de la Iglesia.
No fue la Iglesia quien añadió.
Fue la Reforma quien quitó.
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5. ¿Qué confirmó la Iglesia en Trento?
El Concilio de Trento (1546) no inventó ni añadió libros.
Solo reafirmó solemnemente el canon ya vivido en la liturgia, proclamado por los Padres, y custodidado por concilios anteriores (Hipona 393, Cartago 397).
Los deuterocanónicos formaban parte de la Biblia cristiana desde los tiempos apostólicos.
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6. ¿Y las Iglesias ortodoxas?
Las Iglesias orientales —ajenas a la Reforma y al papado latino medieval— también conservan los deuterocanónicos.
Algunas incluso poseen otros textos presentes en la Septuaginta.
Si se tratara de “adiciones romanas”, Oriente las habría rechazado.
Pero no fue así.
Esto confirma su raíz apostólica.
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7. Los frutos espirituales de los deuterocanónicos
Estos libros transmiten luces esenciales de la fe:
Resurrección
“Las almas de los justos están en manos de Dios.”
(Sab 3,1)
Purificación y esperanza
“Dios los probó como oro en el crisol.”
(Sab 3,6)
Valor del sacrificio y fidelidad
“Vale la pena morir a manos de los hombres cuando se espera resucitar.”
(2 Mac 7,14)
Intercesión de los santos
“Este es el que ora mucho por el pueblo… Jeremías.”
(2 Mac 15,14)
Eficacia de la limosna y justicia
“La limosna expía los pecados.”
(Sir 3,30)
Son páginas que nos enseñan a vivir, luchar, esperar, perdonar, orar y confiar.
Han nutrido la fe de santos, concilios, mártires y familias cristianas durante siglos.
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8. La pregunta decisiva
Entonces, ¿quién cambió el canon?
La Reforma protestante.
La Iglesia católica simplemente guardó la Biblia entera que recibió de los primeros cristianos.
Por eso es más correcto decir:
No que la Biblia católica tenga más libros,
sino que las Biblias protestantes conservan menos.
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Conclusión pastoral
Los deuterocanónicos no son apéndices, ni “libros secundarios”, ni fragmentos dudosos.
Son Palabra de Dios que acompañó a Cristo, resonó en la predicación apostólica y alimentó a la Iglesia naciente.
Por fidelidad a la historia, a la Escritura y a la Tradición, la Iglesia católica conserva estos textos porque en ellos escucha la voz del Espíritu.
Si queremos leer la Biblia de los Apóstoles,
debemos leer también los deuterocanónicos.
Porque la Palabra no se mutila:
se custodia, se recibe y se vive.