San Juan 17 y la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos

“Que todos sean uno, para que el mundo crea”

Por el padre Jorge Luis Zarazúa Campa, FMAP

Introducción

En el marco de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos está presente un texto evangélico de extraordinaria densidad espiritual y teológica: san Juan 17, la llamada oración sacerdotal de Jesucristo. No se trata de una exhortación moral ni de una estrategia pastoral, sino de una oración dirigida al Padre, pronunciada en la hora decisiva, la víspera de la pasión.

Por ello, san Juan 17 no solo inspira esta Semana: la fundamenta, le da sentido y la orienta hacia la misión.

1.⁠ ⁠Juan 17: el testamento espiritual de Jesús

El capítulo 17 del Evangelio según san Juan ocupa un lugar único. Jesús ora:
• por sí mismo,
• por los apóstoles,
• y explícitamente por los que creerán en Él a través de su palabra.

Es decir, ora por la Iglesia de todos los tiempos.

En este contexto, la súplica por la unidad no es secundaria, sino central:

“Que todos sean uno; como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros” (Jn 17,21).

Aquí se revela una verdad decisiva:
la unidad de los cristianos tiene su modelo en la comunión trinitaria y su origen en la voluntad misma de Dios.

2.⁠ ⁠Unidad: don trinitario, no construcción humana

Desde una lectura teológica, Juan 17 deja claro que la unidad cristiana:
• no es fruto de acuerdos políticos,
• no se reduce a afinidades culturales,
• ni nace de la simple buena voluntad.

La unidad es don, participación en la vida del Padre, del Hijo y del Espíritu. Por eso Jesús no ordena: “organícense para ser uno”, sino que ora para que esa unidad sea concedida.

La Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos se sitúa exactamente en esta lógica: reconoce que la unidad no se fabrica, se implora.

3.⁠ ⁠“Para que el mundo crea”: unidad y misión

Juan 17 introduce un elemento decisivo que a veces se pasa por alto:
la unidad no es un fin en sí misma.

Jesús une inseparablemente comunión y misión:

“Que sean uno… para que el mundo crea” (Jn 17,21).

La división entre los cristianos no es solo un problema interno; es un contra-testimonio. Cuando el Evangelio se anuncia desde la fragmentación, su credibilidad se debilita. En cambio, cuando hay comunión —aunque sea imperfecta— el mundo puede intuir que el mensaje viene de Dios.

Por eso, la Semana de Oración no es solo ecuménica: es profundamente misionera.

4.⁠ ⁠Juan 17 y la conversión del corazón

Otro rasgo esencial de esta oración es su tono profundamente espiritual. Jesús no ora solo por estructuras visibles, sino por los corazones:

• que sean consagrados en la verdad (cf. Jn 17,17),
• que vivan del amor recibido del Padre,
• que reflejen la comunión que brota de Dios.

Esto ilumina el sentido pastoral de la Semana de Oración:
la unidad comienza con la conversión personal, con la purificación de actitudes como el orgullo confesional, el desprecio histórico, el prejuicio o la autosuficiencia espiritual.

5.⁠ ⁠La Semana de Oración a la luz de Juan 17

Leída desde san Juan 17, la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos adquiere un significado más profundo:

• Es un acto de obediencia al deseo explícito de Cristo.
• Es una confesión humilde de que la división contradice el Evangelio.
• Es una espera confiada en la acción del Espíritu Santo.

Orar por la unidad no significa negar las diferencias reales, sino colocarlas bajo la luz de la verdad y del amor, sabiendo que la comunión plena es una promesa de Dios antes que un logro humano.

6.⁠ ⁠Una palabra para hoy

En un mundo marcado por la polarización, Juan 17 resuena con fuerza profética. La oración de Jesús recuerda a los cristianos que no pueden anunciar un Dios de comunión viviendo en la división permanente.

Cada vez que la Iglesia ora por la unidad, se deja juzgar por el Evangelio y se renueva en su vocación más profunda.

Conclusión

San Juan 17 es el alma bíblica de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. En esa oración, Jesús revela que la unidad:
• nace de la Trinidad,
• se vive en la verdad,
• y se orienta a la misión.

Mientras la plena comunión visible sigue siendo un camino por recorrer, la Iglesia continúa orando, con las mismas palabras y el mismo deseo del Señor, confiando en que Dios cumplirá lo que Él mismo ha querido.

Porque la unidad no es un sueño ingenuo, sino una promesa sellada en la oración de Cristo.

Artículo relacionado

Este sitio usa cookies.