Un camino interior de conversión y esperanza
Por el padre Jorge Luis Zarazúa Campa, FMAP
La Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos no es solo una iniciativa ecuménica de carácter comunitario. Es, ante todo, una llamada personal a la conversión del corazón. Antes de pensar en encuentros, celebraciones o gestos visibles, esta semana nos invita a mirar hacia dentro y a preguntarnos:
¿cómo vivo yo la unidad?, ¿qué lugar ocupa en mi oración?, ¿qué actitudes cultivo frente a otros cristianos?
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1. La unidad comienza en el corazón
La división entre los cristianos no es únicamente un hecho histórico o institucional; también tiene una dimensión interior. Donde hay prejuicio, desprecio, autosuficiencia espiritual o indiferencia, la unidad se debilita.
Por eso, vivir personalmente esta semana implica reconocer con humildad que todos necesitamos convertirnos. La unidad no se construye solo con documentos o diálogos teológicos, sino con corazones reconciliados.
En este sentido, la oración de Jesucristo sigue siendo una interpelación directa a cada creyente:
“Que todos sean uno… para que el mundo crea” (Jn 17,21).
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2. Orar cada día con una intención clara
Una forma concreta de vivir esta semana es integrar explícitamente la unidad de los cristianos en la oración personal diaria. No basta darla por supuesta; hay que nombrarla, presentarla y suplicarla.
Algunas prácticas sencillas:
• Ofrecer el Rosario, la Liturgia de las Horas o la oración personal por la unidad.
• Leer y meditar Jn 17, Ef 4,1-6 o 1 Co 12.
• Repetir con frecuencia una jaculatoria:
“Señor, haz de nosotros un solo corazón y una sola alma.”
La constancia en lo pequeño educa el corazón en lo grande.
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3. Purificar la mirada sobre otros cristianos
Vivir esta semana personalmente implica revisar cómo hablamos y pensamos de otros cristianos. A veces, sin darnos cuenta, usamos un lenguaje cargado de ironía, desprecio o simplificación.
La unidad comienza cuando:
• dejamos de caricaturizar al otro,
• distinguimos entre la persona y las diferencias doctrinales,
• aprendemos a reconocer lo que el Espíritu Santo obra también fuera de nuestros límites visibles.
Esto no significa relativizar la verdad, sino vivirla con caridad.
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4. Practicar gestos concretos de comunión
La oración auténtica siempre se traduce en actitudes. Durante esta semana, podemos proponernos pequeños gestos concretos:
• Escuchar con respeto a un cristiano de otra confesión.
• Leer un texto espiritual cristiano no católico con discernimiento y apertura.
• Evitar discusiones estériles en redes sociales o ambientes familiares.
• Pedir perdón interiormente por las divisiones causadas por el pecado humano.
Son gestos discretos, pero profundamente evangélicos.
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5. Unir la unidad a la propia cruz
La tradición espiritual enseña que la unidad se gesta en la ofrenda. Vivir esta semana personalmente significa también ofrecer al Señor nuestras dificultades, cansancios, enfermedades o incomprensiones por la unidad de los cristianos.
Cuando la cruz se une a la oración, deja de ser estéril y se vuelve fecunda para toda la Iglesia.
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6. Esperar sin impaciencia
La unidad plena no se logrará de un día para otro. Requiere tiempo, fidelidad, verdad y mucha paciencia. Vivir esta semana personalmente es aprender a esperar sin resignación, confiando en que el Espíritu Santo actúa incluso cuando no vemos resultados inmediatos.
La oración educa el corazón para la esperanza realista, no ingenua.
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Conclusión
Vivir personalmente la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos es aceptar que la unidad no empieza “afuera”, sino dentro de nosotros. Es dejar que el Señor purifique nuestra mirada, ensanche nuestro corazón y nos haga instrumentos humildes de comunión.
Quizá no veremos frutos espectaculares, pero sí algo más profundo:
un corazón menos dividido, una fe más evangélica y una esperanza más grande.
Y eso, a los ojos de Dios, ya es un paso real hacia la unidad.