El Purgatorio en la Teología Ortodoxa

Purificación post mortem, oración por los difuntos y comunión de los santos en Oriente

Cuando católicos y ortodoxos dialogan sobre el Purgatorio, chocan más por lenguaje que por doctrina. Oriente no usa el término “Purgatorio” —asociado, a veces, con categorías latinas medievales—, pero sí comparte la fe en una purificación ultraterrena, en la necesidad de oración por los difuntos, y en el misterio transformador de la misericordia divina después de la muerte.

Si se mira con profundidad, la intuición espiritual de la Iglesia Ortodoxa coincide en lo esencial con la católica. Cambia el vocabulario, la formulación y la imaginería; permanece el núcleo: antes de contemplar el Rostro de Dios, el alma puede necesitar ser purificada.

I. Qué rechaza la Ortodoxia

(y por qué eso ha generado malentendidos)

Cuando los ortodoxos critican el “Purgatorio”, casi siempre se refieren a ciertas versiones latinas populares que con el tiempo deformaron esta doctrina:

una especie de “lugar físico”

un fuego material

sufrimientos impuestos por Dios como castigo jurídico

cálculo mecánico de penas temporales

Para la sensibilidad de Oriente, estas imágenes son incompatibles con:

• una teología del Misterio,
• la primacía de la gracia,
• y la visión terapéutica de la salvación.

Pero cuando la Iglesia Católica expone su enseñanza auténtica —purificación espiritual, segura salvación y amor sanador—, la distancia se acorta.

II. Lo que sí enseña la teología ortodoxa

1.⁠ ⁠Oración por los difuntos

La Ortodoxia reza constantemente por los muertos:

• en la Divina Liturgia,

• en la conmemoración de los fieles difuntos,

• en los “Sábados de las almas” o más precisamente “Sábados de los difuntos”: Ψυχοσάββατα (Psychosávvata) ψυχή (psyché): alma, σάββατον (sábbaton): sábado. Sentido litúrgico:
“Los sábados dedicados a la memoria y oración por los difuntos”.

• en la liturgia de san Juan Crisóstomo.

¿Por qué pedir por ellos si su destino fuera irreversible?
Porque la oración ayuda a los difuntos en su proceso de purificación y acercamiento a Dios.

2.⁠ ⁠Crecimiento espiritual después de la muerte

Los Padres orientales hablan de una transformación progresiva del alma más allá de la vida terrena.

San Gregorio de Nisa —doctor venerado tanto en Oriente como en Occidente— enseñó que quien muere unido a Cristo, pero aún imperfecto, se purifica en el fuego del amor divino.

3.⁠ ⁠Dios sana, no castiga

La Ortodoxia insiste en que el “fuego” no es castigo vindicativo, sino “fuego de la presencia divina”.
• igual al carbón ardiente de Isaías (Is 6),
• igual a la luz inestable del Tabor,
• igual al fuego del Espíritu en Pentecostés.

La misma luz que glorifica a los santos
puede quemar las impurezas del alma.

4.⁠ ⁠Visión de Dios como purificación

En el encuentro final con Dios, el alma experimenta una iluminación total. Ese encuentro, si aún hay sombras interiores, tiene efecto purificador.

La Ortodoxia habla de:
• “fuego inmaterial”
• “luz increada”
• “purificación del nous”

Todo corresponde, en esencia, al sentido católico de Purgatorio.

III. San Gregorio Magno, San Gregorio de Nisa y la convergencia

Mientras Occidente cita a san Gregorio Magno como testigo antiguo del Purgatorio, Oriente destaca a san Gregorio de Nisa:

“Dios, para aquellos que no han sido completamente purificados, realiza después de la muerte una purificación por medio del fuego espiritual.”
(Gregorio de Nisa, De anima et resurrectione)

Ambos comparten la misma premisa:
la santidad requiere un último paso de purificación.

IV. Los “fuegos del más allá” en la liturgia ortodoxa

La Ortodoxia reconoce misteriosamente un paso purificador:

• plegarias por quienes “se hallan en sufrimiento espiritual”,
• ruegos para que Dios “les conceda descanso y paz”,
• insistencia en que “la misericordia divina purifique sus faltas”.

Se reza para que el alma “sea liberada” y “sea luminosa en la luz del Señor”.

Si no existiera un proceso purificador después de la muerte, la oración carecería de sentido.

V. El problema semántico del término “Purgatorio”

La palabra misma provoca resistencia en Oriente por tres razones:

  1. Está asociada a formulaciones latinas jurídicas del siglo XIV y XV.
  2. Sugiere un “tercer lugar”, paralelo al cielo e infierno.
  3. Evoca mecánica penitencial, contabilidades de “penas” y “tiempos”.

Pero si se presenta conforme al Magisterio auténtico —purificación interior, estado espiritual, obra misericordiosa de Dios—, muchos teólogos ortodoxos reconocen que ambos lados dicen, en el fondo, lo mismo.

VI. Luz increada y purificación: el aporte de la hesicasia ortodoxa

Para la espiritualidad oriental —que contempla la luz increada del Tabor y la “deificación” (theosis)—, la visión de Dios es transformadora.

Cuando el alma muere sin haber sido completamente divinizada por la gracia, el encuentro con la luz increada realiza esa purificación:
• no como castigo,
• sino como plenitud,
• como sanación mística.

La conciencia de pecado se hace total y perfecta en la luz de Cristo; esa toma de conciencia es dolorosa. Pero ese dolor es purificador y salvífico.

Aquí late el mismo principio católico:
la purificación final es un acto de amor y destino de gloria.

VII. Las “aduanas del alma”: expresión popular, no dogma

En algunos ambientes ortodoxos circula la imagen de las estaciones o “aduanas” espirituales, donde el alma es probada y purificada.

El término griego usado en la tradición bizantina es:

τελώνια
(telṓnia, singular τελώνιον telṓnion)

τέλος (télos): impuesto / tributo
τελώνιον (telṓnion): puesto de aduanas

Los τελώνια eran los puntos donde se cobraban impuestos o peajes, especialmente en caminos y fronteras.
Tomado simbólicamente, expresa “pasos espirituales” o “controles” por los que el alma atraviesa al morir.

Aunque muy difundida en la piedad oriental, no es doctrina definida, y muchos teólogos la consideran simbólica, como la iconografía católica del fuego purificador.

Lo importante es la verdad subyacente: la necesidad de transformación espiritual después de la muerte.

VIII. Puntos de convergencia con la doctrina católica

Teología Católica
Purificación final para los que mueren en gracia

Teología Ortodoxa
Purificación espiritual post mortem para los que mueren en amistad con Dios

Teología Católica
El fuego es imagen de amor divino, no tormento

Teología Ortodoxa
La “luz increada” purifica como fuego inmaterial

Teología Católica
La oración de los vivos ayuda a los difuntos

Teología Ortodoxa
Continuas conmemoraciones y sacrificios por los muertos

Teología Católica
Estado temporal, orientado a la gloria

Teología Ortodoxa
Camino de santificación, orientado a la visión de Dios

Teología Católica
Misericordia que completa la obra de la gracia

Teología Ortodoxa
Terapia espiritual que perfecciona el alma

La esencia coincidente:
antes de ver plenamente a Dios, el alma puede necesitar ser transformada por su luz.

IX. Conclusión: dos lenguajes, un mismo Misterio

Para Oriente, no es necesario definir un “purgatorio” como doctrina cerrada.
Para Occidente, nombrarlo ayuda a custodiar su sentido bíblico y teológico.

Pero ambas Tradiciones comparten la convicción de fondo:

• que la santidad plena puede requerir un paso purificador,
• que la misericordia de Dios acompaña más allá de la muerte,
• que la oración de la Iglesia ayuda a los difuntos,
• y que el fuego divino —no de castigo, sino de amor— nos vuelve transparentes ante su luz.

Lo que la Iglesia católica llama “Purgatorio”, la Ortodoxia lo contempla como purificación del nous, luz increada que transforma, misterio espiritual tras la muerte, y esperanza luminosa para quienes todavía tienen sombras.

Dos lenguajes, dos énfasis, dos sensibilidades.
Pero una misma fe:
Dios nos quiere plenamente suyos y nos prepara, incluso después de la muerte, para entrar y “verlo tal cual es”.

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