La purificación final vista desde las Iglesias Católicas de tradición bizantina, siriaca, copta y caldea
Cuando se habla de “doctrina del Purgatorio”, muchos imaginan una construcción exclusivamente latina.
Sin embargo, las Iglesias Católicas Orientales —en plena comunión con Roma y herederas de la tradición teológica de Oriente— profesan la misma fe en la purificación final. Lo hacen con lenguaje propio, acentos espirituales diferentes y una sensibilidad mística profundamente enraizada en la experiencia litúrgica.
Estas Iglesias no utilizan siempre la palabra “Purgatorio”, pero afirman la realidad teológica que este término expresa: la purificación post mortem de quienes mueren en la amistad de Dios, pero aún necesitan ser perfeccionados para contemplarlo cara a cara.
⸻
I. Una fe común, con rostro oriental
El Concilio Vaticano II recuerda explícitamente que todas las Iglesias católicas —latina y orientales— profesan “la misma fe” (OE 21).
Entre esas verdades compartidas está la purificación final.
El Catecismo de la Iglesia Católica, válido para todas las Iglesias católicas, define el Purgatorio como:
“La purificación final de los elegidos, que es absolutamente necesaria para entrar en la alegría del cielo”
(CIC 1030–1031).
Las Iglesias Católicas Orientales aceptan esta enseñanza.
Pero su modo de expresarla nace de su propio tesoro bíblico, patrístico y litúrgico.
⸻
II. Terminología y acentos propios
Aunque reconocen plenamente la doctrina, las Iglesias orientales católicas suelen preferir otras categorías teológicas:
• κάθαρσις (kátharsis): purificación interior
• φῶς ἄκτιστον (phós áktiston): luz increada que transforma y limpia
• θέωσις (théosis): deificación como meta última del alma
• θεραπεία (therapeía): sanación espiritual de las heridas del pecado
• πνευματικὴ ὀδύνη (pneumatikḕ odýnē): dolor espiritual purificador
• προκοπή (prokopḗ): progreso espiritual después de la muerte
Estos términos expresan la misma verdad doctrinal:
quien muere en gracia puede necesitar ser purificado antes de la visión plena de Dios.
⸻
III. Purificación, no castigo: visión providencial y terapéutica
Mientras la teología latina subraya con precisión dogmática la existencia de un “estado de purificación”, las teologías orientales prefieren describirlo como encuentro transformador con Dios.
Para las Iglesias católicas orientales:
• la purificación final es obra del amor, no pena jurídica;
• es sanación, no castigo;
• es revelación luminosa del alma, no fuego material.
La presencia de Dios —en su santidad, belleza y verdad— actúa como “fuego espiritual” que quema toda sombra.
Es la luz increada la que purifica, como enseñan san Gregorio de Nisa, san Máximo el Confesor y toda la tradición hesicasta.
⸻
IV. Biblia y Padres: fundamento compartido
Las Iglesias católicas orientales reconocen los mismos fundamentos bíblicos que Occidente:
• 1 Corintios 3,13-15: “se salvará como por el fuego”
• 2 Macabeos 12,43-45: oración por los difuntos, que implica purificación post mortem
• Mateo 12,32: perdón “en el siglo venidero”
• Apocalipsis 21,27: nada impuro entra ante la Presencia divina
Y remiten a los mismos Padres orientales como testigos:
• San Gregorio de Nisa: purificación por fuego espiritual tras la muerte
• San Basilio Magno: liberación de los restos del pecado
• San Cirilo de Jerusalén: oración y sufragio en favor de los difuntos
• San Juan Crisóstomo: eficacia de la liturgia y del sacrificio eucarístico por quienes han muerto
Las Iglesias orientales católicas reconocen que estos testimonios patrísticos coinciden con la enseñanza católica del Purgatorio, aunque el término sea más tardío y latino.
⸻
V. Liturgia: el corazón donde Oriente expresa la doctrina
La fe oriental se manifiesta ante todo en la liturgia.
Las Iglesias católicas de tradición bizantina rezan en la Divina Liturgia:
“Ten memoria, Señor, de todos los que han muerto en la esperanza de la resurrección y dales descanso en tu luz.”
Este “descanso en la luz” es nombre litúrgico del purgatorio:
• la luz divina purifica,
• revela la verdad del alma,
• y la hace digna de la gloria eterna.
Las conmemoraciones de difuntos, los Ψυχοσάββατα (Psychosávvata, “Sábados de las almas”), y las plegarias por los muertos confirman doctrinalmente la posibilidad de purificación post mortem.
Porque si no existiera, la oración sería inútil.
⸻
VI. Diferencias legítimas: formulación latina y lenguaje oriental
El Magisterio permite una diversidad de formulaciones:
• Las Iglesias orientales católicas no están obligadas a usar el término “purgatorio”.
• Pero sí confiesan la realidad de la purificación final, como verdad de fe común.
• Su lenguaje evita lo jurídico y prefiere lo místico: Dios cura, ilumina, sana, diviniza.
La doctrina católica común acepta plenamente esta diferencia de expresión, mientras se mantengan:
✔ la certeza de la salvación de quienes se purifican,
✔ la realidad de una purificación posterior a la muerte,
✔ la comunión entre vivos y difuntos,
✔ y la eficacia del sufragio.
⸻
VII. Oración de los vivos y vínculo con los difuntos
Una convicción central en estas Iglesias es que la caridad no muere con la muerte, y que nuestras oraciones aceleran o alivian la purificación de las almas.
Por eso oran:
• en la Eucaristía,
• en los Sábados de las almas,
• en los himnos por los difuntos,
• en la Liturgia de san Basilio,
• en los memoriales fúnebres.
Todo esto supone claramente la existencia de un estado purificador.
⸻
VIII. Síntesis doctrinal
Teología Latina
Purificación final = “Purgatorio”
Teología Oriental Católica
Purificación final = “κάθαρσις”, “encuentro con la luz increada”, “sanación interior”
Teología Latina
Enfatiza definición doctrinal formal
Teología Oriental Católica
Enfatiza lenguaje litúrgico, bíblico y patrístico
Teología Latina
Imagen: fuego purificador
Teología Oriental Católica
Imagen: luz divina que purifica
Teología Latina
Purificación necesaria para entrar en la visión beatífica
Teología Oriental Católica
Purificación necesaria para participar de la “θέωσις” (deificación)
Conclusión común:
Quienes mueren en gracia pueden ser purificados para entrar plenamente en la gloria divina.
⸻
IX. Conclusión: una doctrina de fe común expresada con alma oriental
Las Iglesias Católicas Orientales no añaden ni quitan nada a la fe común.
Custodian el mismo misterio que la Iglesia Latina llama “Purgatorio”, pero lo cantan con voces bizantinas:
• κάθαρσις por la gracia,
• θεραπεία de las heridas del pecado,
• φῶς ἄκτιστον que consume toda sombra,
• oración por los difuntos,
• esperanza firme en la θέωσις final.
Así, la doctrina católica del Purgatorio, vivida en clave oriental, aparece como horizonte luminoso: un paso de plena purificación, seguro, lleno de misericordia y orientado a la gloria.
Allí, bajo la luz eterna, el alma se desprende de toda sombra y entra, libre de toda mancha, en la comunión perfecta con Dios.